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Monitoreo urbano, TICs y Ciudadanía: ¿Qué tan lejos estamos de ser ciudades Inteligentes?

Con el 96,7% de cobertura geográfica del censo de 2018, el director del DANE informó que el 77,5% de los colombianos viven en las cabeceras municipales, es decir que pese  haber sobreestimado la población a partir de proyecciones durante años, se confirma que somos un país de ciudades.  Lamentablemente ese hábitat urbano ha crecido en un contexto social, económico, ecológico, político e institucional desarticulado, configurándose progresivamente problemas complejos manifestados en fragmentación social, contaminación ambiental, movilidad ineficiente, informalidad, pobreza e inequidad, sumado a una profunda crisis de gobernabilidad.

En este contexto, debemos reconocer que nos encontramos lejos de ser territorios competitivos, basta mirar el índice IESE, ciudades en movimiento 2018 mediante el cual se evalúa, a partir de la gobernanza, planificación urbana, tecnología, medio ambiente, proyección internacional, cohesión social, movilidad y transporte, capital humano y Economía, cuáles son las ciudades más inteligentes en términos de la sostenibilidad y calidad de vida de sus habitantes y nos damos cuenta que Nueva York, Londres, Paris, Tokio y  Reikiavik configuran el top 5, mientras que Buenos aires se ubica en el puesto 76 (de 165), siendo la primera ciudad latinoamericana del ranking, la sigue Santiago de Chile en el puesto 86 y Montevideo en el 100, Bogotá se ubica en el puesto 117 por debajo de San José de Costa Rica, Ciudad de México y Sao Paulo.

En este punto surge la pregunta: ¿Cómo hacemos tránsito de las ciudades que hoy tenemos en Colombia a ciudades inteligentes como las del Top 5 del IESE? La respuesta no es fácil, y seguramente cada quien tendría una o varias alternativas para proponer; y en esa línea nosotros como empresa de conocimiento especializado en ingeniería ambiental, consideramos que la innovación y el uso eficiente y eficaz de las tecnologías de monitoreo permitirían integrar los datos de los subsistemas críticos de la ciudad, que al servicio de la sociedad, podrían generar inteligencia territorial y así superar los desafíos actuales.

Veamos entonces cual es el planteamiento: Las ciudades transitan en tres grandes tendencias, el cambio climático, la irrupción de nuevas generaciones digitales tomando decisiones (Millennials, Centennials) y la integración de tecnologías cada vez más sofisticadas. Estas tendencias se pueden aprovechar utilizando cinco inteligencias: Ambiental (biométrica/ biomímesis), Urbana (Storytelling, espacio público, teoría de las 4D, teoría de las 3D, desarrollo orientado al transporte, urban lab), del ciudadano (innovar con redes sociales: push, pull, networking, customer service), del mercado (el mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario) y de la tecnología (efectos de la cuarta revolución industrial basada en el uso de sistemas físicos cibernéticos).

En tal sentido, la ciudad inteligente obtiene datos de sistemas de monitoreo urbano (ambiental, transporte, energía, salud, servicios públicos e infraestructura), utiliza tecnología de Big data y bajo plataformas de datos abiertos, los pone a disposición de la academia, los sectores productivos y la población en general mediante tecnologías de información y comunicación como portales web, aplicaciones móviles que además de recibir, permiten enviar información y su procesamiento en tecnologías de código abierto.

Así las cosas, el uso de la tecnología, la disponibilidad de datos y los ciudadanos con competencias digitales, organizados en comunidades o redes, que utilizan los recursos abiertos y comprometidos con el desarrollo de la ciudad, es la fórmula que pone a operar las inteligencias que ayudarían a nuestras ciudades a ser relevantes en un escenario global de competencia y cooperación, de retos de sostenibilidad y de compromisos de integración social y superación de la pobreza, reduciendo costos y optimizando el consumo de recursos, con canales de comunicación directos con los ciudadanos, infraestructura adecuada para la generación de empleos de alta calidad, innovación, competitividad y crecimiento de los negocios y acceso rápido a servicios públicos más eficientes.

Sobre esto último se devela una reflexión final que merece la mayor atención: la tecnología de monitoreo urbano se podría obtener y operar adecuadamente pero ¿qué tanto las nuevas generaciones quieren colaborar con los gobiernos locales?, ¿qué tan posible es pasar de gobiernos locales cerrados a otros abiertos y transparentes? Quizá esos son los retos más importantes que debemos superar para lograr ciudades inteligentes que atraigan el talento e iniciativas innovadoras.